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Este evento histórico se celebra cada 7 años. La Salida del Santo simboliza el hermanamiento de los pueblos de la Cuenca del Boeza y Señorío de Bembibre, que se congregan ante su Santo en busca de remedio a sus aflicciones.
Para entender el origen de esta celebración hay que comprender que la mentalidad de la época les hacía buscar remedio a tantas penurias en la religión, debido a la difícil situación tanto demográfica como económica presente en las primeras décadas del siglo XVII. Los habitantes de la demarcación de Bembibre elevan las súplicas al Ecce Homo, quien da muestras de su benevolencia al acabar con una persistente sequía que amenazaba con malograr la cosecha. Este hecho se fue transmitiendo de generación en generación. El milagro se puede situar entre 1612 a 1625 y siendo en 1657 la primera reseña manuscrita de la “Procesión al Santo”. Según las investigaciones se sabe que la imagen salía en rogativa siempre que era votada “por villa y tierra”, ya fuese una o varias veces en el año. Podía realizarse tanto en el sentido de atajar el mal que se estaba sufriendo, o como preventivo para evitar males futuros.
El denominado “Santo Ecce Homo de la Vera Cruz” es un Cristo tallado en madera de nogal, de autor desconocido, que constituye un bello modelo gótico-renacentista. Las fuentes manuscritas permiten fijar su antigüedad con anterioridad a 1568.
El ritual da comienzo con el repique de las campanas, adoptándose un orden jerárquico al abandonar su iglesia Abren el desfile los portadores: del pendón, la cruz y las dos hachas. Le siguen: el cura, los representantes civiles y, finalmente, los feligreses. Al alejarse en dirección a Bembibre se desorganiza esta disposición. Ya en las primeras casas de la villa se volvía a formar el cortejo mientras se caminaba a la Parroquia de San Pedro, donde es recibido por algún componente del sector eclesiástico. Conjuntamente “cantando y rogando a Dios para conseguir socorros del cielo”, se dirigen a la ermita por las “calles del Santo y del Rosario” en busca del Cristo. Ya en la iglesia, en la misa solemne que se oficia, se eleva la petición a su divina Majestad, llevándose a cabo numerosos actos de fe. Una vez concluida ésta, se despedía procesionalmente a los pueblos concurrentes. Esto se conoce ancestralmente como “Salida del Santo” o “Bajada del Santo”.
En el novenario que le sigue se establecen turnos de cuatro personas que van relevándose para salvaguardar la integridad de la escultura, en previsión de cualquier infortunio.
Pasados estos nueve días, se repite idéntico el ceremonial, entronizando al Cristo en su altar. Es lo que se conoce como “Entrada del Santo” o “Subida del Santo” de la iglesia a su templo, cuyo “culmen” será la solemne liturgia.
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